Todo esto del cumple blog me hizo recordar en qué situación estaba yo hace un año, con la hipersensibilidad a flor de piel y la fobia a cumplir los 30 que se avecinaban.
Siempre fui una melancólica: el día que me casé, mientras la gente nos tiraba arroz yo pensaba "esta es la foto que tiene mi mamá y mi papá en blanco y negro que miré por tantos años... este es EL momento... ya pasó… CLICK" Una melancólica sin remedio. O una hincha pelotas de aquellas, ustedes dirán.
Claro que visto de esta manera parece sencillo, que están frente a una maricona común y corriente. Pero es un poco más complicado que eso.
Ser melancólica no permite disfrutar el presente, lo que está pasando ahora, porque desde el mismo momento ya lo estás viendo como una foto antigua. Todo tiempo pasado es mejor, entonces el presente nunca es ideal, siempre se vive en el recuerdo y se pierde la perspectiva de lo que pasa justo frente a nosotros por más perfecto y maravilloso sea.
Pero este blog, de alguna manera y a través de un mecanismo complejo que desconozco cambió bastante esa forma de vivir. Desde que estoy acá soy más positiva, me siento más viva y ante todo entiendo que las cosas están afuera, en el futuro, y que si no salgo no existen... y son tan lindas para no verlas!
Las fotos que todavía no saqué están en la calle. Todavía no conozco algunos amigos que acompañarán los momentos más importantes de mi vida y aún no compré ese saco que usará mi hija cuándo se vuelva a poner de moda. Todavía no escuché a mi sobrina decir tía, no vi la torre Eiffel ni tengo una cámara réflex. Todavía no aprendí a manejar (esa sí que es una figurita difícil), no me convertí en una maratonista de la noche a la mañana ni probé la receta de la Creme Brulé de Divino Macaron (perdón Vir) Me falta conocer una pila de canciones que me emocionarán hasta las lágrimas, ir al recital más increíble de mí vida y ver la película más hermosa del mundo. ¡Todavía no fui casi nada al teatro! No pasé año nuevo en otra parte del mundo ni probé la langosta. Charlas, cine, borracheras y ataques de risa. Libros, viajes, hijos…
Todavía… como me gusta que todavía quede tanto.



















